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Un estudio revela los riesgos de ser heavy

Un estudio revela los riesgos de ser heavy

europafm.com |  | Actualizado el 22/10/2015 a las 15:51 horas

Beavis and Butthead

Beavis and Butthead / europafm

¿Eres de los que no pueden escuchar un acorde de Metallica sin que tu cuello se desboque? ¿Sueltas tu melena al viento cada vez que oye un tema de Slipknot? ¿No eres capaz de reprimir el cabeceo al sentir el ritmo del bajo? Pues que sepas que tu forma de bailar puede ser perjudicial para tu salud.

Al menos, eso es lo que asegura un estudio cuyos resultados se publican en el especial navideño de la revista 'British Medical Journal', un número que la prestigiosa revista dedica cada año a temas que, aunque están sometidos a una rigurosa metodología científica, son cuando menos curiosos.

Este trabajo, realizado por dos profesores de la Universidad New South Wales de Sydney (Australia), asegura que las sacudidas con las que muchos amantes del heavy y el rock duro acompañan sus canciones favoritas aumentan el riesgo de sufrir lesiones -suaves, eso sí- en el cuello y la cabeza.

Como buenos y avezados científicos, estos profesores no quisieron comenzar su investigación sin haber realizado un minucioso trabajo de campo previo. Por eso, compraron entradas para varios conciertos de Motörhead, Mötley Crüe, Ozzy Osbourne, Skid Row o Whitesnake, entre otras bandas, y analizaron el comportamiento del público para evaluar "cuáles eran los movimientos de cabeza más comunes entre la audiencia". El concienzudo análisis puso de manifiesto que el estilo 'arriba y abajo' era, sin duda, el más habitual.

Después, elaboraron un modelo teórico para estudiar si la amplitud de los movimientos tenía algún efecto en la severidad de las posibles lesiones. Y, además, pidieron a 10 músicos que les detallasen sus 10 canciones preferidas para mover la cabeza, con el objetivo de calcular el tempo medio de estos temas.

Mareos y dolores de cabeza

Al cruzar los datos, los investigadores comprobaron que esta media era de 146 pulsos por minuto, un ritmo que era capaz de aumentar el riesgo de complicaciones. "Con este tempo, los movimientos de cabeza pueden causar dolores de cabeza y mareos si el giro alcanza un ángulo mayor de 75 grados", explican los autores en su trabajo.

Cuanto mayor sea el tempo -por poner un ejemplo, Kickstart my heart de Mötley Crüe alcanza 180 pulsos por minuto- y la amplitud de los movimientos de cabeza, mayor es el riesgo de sufrir lesiones, si bien las probabilidades de padecer un problema de cuello empiezan a ser considerables una vez se sobrepasan los 130 pulsos.

Eso sí, no hay muchas probabilidades de llegar a perder la consciencia a causa de esta forma de bailar, a no ser, según dicen los autores, "que alguien de la primera fila se golpee con el escenario o con otro miembro del público".

Rizando el rizo, estos investigadores aplicaron su modelo teórico para calcular el riesgo de dos conocidos 'meneadores de cabeza', los dibujos animados Beavis y Butt-Head. Según sus datos, el primero no correría peligro al seguir los acordes de sus adorados Metallica, ya que los movimientos de su cabeza alcanzan apenas los 45 grados. Sin embargo, su colega podría sufrir dolores de cabeza y mareos, porque llega a alcanzar una torsión de 75 grados en la euforia musical.

Como posibles intervenciones para reducir los riesgos asociados al baile, los investigadores proponen métodos tan controvertidos como pedirle a AC/DC en los conciertos que toquen temas más suaves como 'Moon River' en vez de la memorable Highway to hell; lanzar campañas de concienciación para promover la música suave de Michael Bolton, Celine Dion o Richard Clayderman o incluir dentro del paquete de CD un collarín.

Con todo, este trabajo no es el primero en señalar los riesgos asociados al cabeceo. Otros informes más reducidos habían señalado que esta práctica aumenta el riesgo de pérdidas de audición, lesión cerebral, entre otros problemas. Los más melómanos recordarán que, en 2005, los doctores que trataron a Terry Balsamo, el guitarrista de Evanescence, le diagnosticaron un infarto cerebral y le aseguraron que detrás del trastorno estaban sus movimientos descontrolados de cabeza.

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