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RELATO DE CARLOS TORRALBA

Banda sonora

Nuestro queridísimo Richard Ashcroft protagoniza el relato del oyente de hoy. Haz como Carlos Torralba y mándanos tu relato a ponte@europafm.es o desde nuestra web.

Carlos Torralba | Europafm.com | Actualizado el 22/10/2015 a las 17:20 horas

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Despertó en mitad de la reunión: <<¡Ricardo, Ricardo! ¿Estás bien, Ricardo?>>, era la voz de su compañera de departamento la que le devolvió al mundo real. <<Sí, sí, perdonad, me he quedado dormido. Lo siento mucho>>, respondió él, avergonzado. Su jefe lo estaba mirando desde la otra punta de la sala de juntas, con cara de querer romperle las piernas. Apartó la mirada de su jefe, cogió la agenda y los papeles que tenía sobre la mesa y se dispuso a empezar su exposición.

Había pasado casi dos semanas preparándola; nunca antes le habían pedido que presentara un proyecto delante del gerente. Llevaba casi tres años haciendo un tedioso trabajo administrativo que odiaba y que le amargaba, porque no había estudiado una carrera universitaria para pasarse los días haciendo fotocopias. Claro que en unos tiempos en los que muchos licenciados estaban repartiendo pizzas, tampoco podía esperar menos. Aun así, sabía esperar, y por fin había llegado su momento; porque si le aprobaban el proyecto, le ascenderían a jefe de departamento, con despacho propio y todo.Se levantó y se colocó frente a la pantalla. Hizo un gesto a su compañera para que iniciara el powerpoint que había preparado y que acompañaría su exposición.

Pero justo cuando se disponía a soltar la primera frase, algo le interrumpió: una voz, una voz de mujer, muy femenina, y extremadamente sensual. Una voz que le llamaba, apremiándole a desempeñar algún cometido.  <<¡Ricardo! ¡Ricardo!>> Le costó, pero al final la reconoció. Y comprendió.Con una sonrisa pícara en los labios, se deshizo el nudo de la corbata y se quitó la americana. Luego, lentamente, empezó a desabrocharse los botones de la camisa. Se la quitó. Se bajó la bragueta, se dio la vuelta y se bajó los pantalones. Luego los calzoncillos. Y allí, con el culo al aire, mostrándolo orgulloso al gilipollas de su jefe y al rancio del gerente, les dijo:

-¿Saben un cosa? Pueden ustedes besarme el culo, porque yo ya no trabajo aquí.

-¿Te has vuelto loco? –le preguntó su compañera, que no daba crédito a lo que estaba pasando.

-No, Elena, no –respondió él-. Es sólo que tengo una misión. Ahí fuera, en el mundo real, hay alguien a punto de declararse al amor de su vida, y yo pongo la banda sonora. ¿Lo entiendes?

-¿Cómo? –le preguntó ella, mirándolo como si hubiese perdido por completo la razón.

-¡¡¡RICHARRRRRDDDDDDD, SAL DE DEBAJO DE LA MESA, COÑO!!!

-Perdona, Laura –dijo él, despertando de golpe, violín en mano-, es que estaba teniendo una pesadilla. Soñaba que aún estaba en mi antiguo trabajo. Y empezó a tocar.
Aquella noche, Carmen tuvo la certeza de que Fermín, pasara lo que pasara, estaría junto a ella el resto de su vida. Se lo prometió en directo. Ante toda España.