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RELATO DE HÉCTOR NAVARRO

CAPÍTULO 2: El rescate

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Héctor Navarro | Europafm.com | Actualizado el 22/10/2015 a las 17:25 horas

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Iba viendo todo con más nitidez a medida que pasaban los minutos. Sólo sé que estaba sola en una habitación vacía. Una pequeña lámpara alumbrando al fondo era lo único que había.

Poco a poco fui recuperando el conocimiento hasta darme cuenta de lo que ocurría.
Totalmente sola en la habitación y atada de pies y manos a una silla observé cuanto pude a mi alrededor. Nada. No había absolutamente más que una pequeña lámpara al fondo que apenas daba algo de luz y una puerta tras de mí.

¿Qué ha pasado?

¿Cómo había llegado allí?

Presa del pánico me puse a pedir ayuda a gritos hasta quedarme sin apenas voz. Tras perder toda esperanza de ser rescatada tuve que tomar medidas y valerme por mí misma.

Me observé.

Las cuerdas que ataban mis manos eran gruesas pero no sería complicado. Hice un gran esfuerzo por aflojar el nudo poco a poco hasta por fin deshacerme de ella. Rápido desaté mis piernas y corrí hasta la puerta. Pude girar el pomo, no la habían cerrado con llave. Me detuve unos segundos: Tenía que ser precavida y llevar cuidado. No tenía ni idea de dónde estaba ni lo que me encontraría fuera.

Abrí la puerta lentamente sin hacer apenas ruido. Asomé la cabeza y observé un largo pasillo a ambos lados con puertas a cada 10 pasos y un ascensor al fondo del pasillo de mi derecha. Estaba totalmente silencioso, así que no dudé en avanzar hacia el. A mitad del camino me sobresaltó una estruendosa alarma, y las luces de neón que alumbraban segundos antes aquel pasillo se apagaban dejándome a oscuras.

Me quedé totalmente inmóvil y aterrorizada sin saber como continuar. Minutos después, una luz tenue, color rojo, daba luz a todo el pasillo. Inicié la marcha a toda prisa camino al ascensor. Bloqueado.

“Claro, joder. Solo a mí se me puede ocurrir coger el ascensor en mitad de una fuga”.-pensé en lo fácil que se lo habría puesto a mis secuestradores.
El pasillo no tenía ninguna otra salida. Tenía que regresar y coger el otro camino en busca de escaleras. Lo más rápido que pude probé una a una cada puerta mientras llegaba al final del pasillo. A la décima puerta escuché el sonido del ascensor. Giré, y exactamente, la luz indicaba que alguien subía. No era momento de perder la cabeza. Más rápida, continué comprobando cada puerta. Dos puertas más, nada. El “ding” del ascensor indicaba que había llegado a la planta.

Volví a girarme. Las puertas se abrían. Siguiente puerta, cerrada.

Dos hombres elegantemente vestidos con un bonito traje negro salieron a toda prisa hacia mí.

-"Qué elegancia”-pensé.

Siguiente puerta... “ESCALERAS”... Cerrada. Sorprendida, leí el cartel en la puerta.

-¡ESCALERAS!...-me dije.-¡A la mierda!.-grité histérica y enfurecida.

Lancé una fuerte patada contra la puerta. Jamás imaginé ser capaz de eso. Conseguí abrirla.

Huí escaleras abajo con la esperanza de encontrar una salida. Había bajado dos plantas cuando me detuve en el descansillo al escuchar ruido más abajo. Saqué la cabeza por el hueco de la escalera. Cinco hombres subían; levante la mirada, dos bajaban. Tenía una puerta frente a mí.

También estaba cerrada. Por suerte, esta tenía un amplio marco acristalado que no dude un segundo en hacer trizas. Lancé una patada al cristal. Metí la mano y agarré el pomo. Imposible abrirla. Tenía que colarme por el marco. Apenas tenía a aquellos hombres a un par de metros. Eliminé los restos de cristales y me lancé de cabeza por el hueco. Sentí como uno de los hombres me agarraba de un pierna. Dos hombres se acercaban a mí a toda prisa por el pasillo. Había perdido la batalla. Me tenían rodeada por ambos lados.

Pero me sorprendí cuando uno de ellos le asestó un golpe al que me agarraba la pierna. Fui a caer al suelo del pasillo cuando el otro me agarró a tiempo y me puso en pie.
No podía creerlo.
-¡Laura!, ¡Josep!.-grité emocionada. Eran ellos.

-Rápido,-gritó Josep mientras golpeaba al segundo tipo que intentaba entrar.-Tenemos que irnos, vienen más.

Les seguí a toda prisa por el largo pasillo con la esperanza de que ellos consiguieran sacarme de aquel lugar.

-Salgamos por las escaleras de fuera.-Indicó Josep.-La tenemos.-gritó.-Vamos a salir por las escaleras exteriores. No podemos bajar por estas.
-¿Con quién habla?.-pregunté a Laura mientras corríamos.
-Con Puchi.-me contó.-Ella se está encargando de desbloquear las puertas.

-¿Puchi?, qué sorpresa.

-Por aquí chicas.-indicó Josep.