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RELATO DE HÉCTOR NAVARRO

CAPÍTULO 3: La salida

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Héctor Navarro | Europafm.com | Actualizado el 16/09/2017 a las 21:04 horas

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Corríamos a toda prisa por el pasillo de la novena planta, guiándonos por las indicaciones de Puchi.

-¡Josep!, Es Sarah, ha conseguido escapar.-me dijo.
-¿Ha escapado?- le pregunté.
-Sí -respondió Puchi- sigue en la misma planta, pero le persigue un buen grupo de hombres. Tenéis que daros más prisa.

-Dime rápido qué puerta es -le dije.

-La puerta 9. La he desbloqueado. Esa habitación os lleva hasta las escaleras exteriores. Desde ahí podéis bajar.

Cruzamos la habitación hasta salir al exterior. Bajamos por las escaleras sin mediar palabra. Habíamos conseguido esquivar toda la seguridad del edificio. Pero perseguían a Sarah. Tendríamos que enfrentarnos a ellos.

Llegábamos a una habitación más abajo.
-Josep, ¡espera!.-gritaba Puchi por el auricular.
-Sarah ha derribado la puerta que da a las escaleras interiores.
-Perfecto. Le seguiremos.-dijo Laura.
-Esa planta se ha llenado de agentes.-explicaba Puchi. -Dar media vuelta. Continuad bajando por el exterior.
Laura retrocedió a su paso y volvimos a las escaleras del exterior.
Bajamos un piso más.
-La entrada a la planta 6 la tenéis disponible.-indicó Puchi.
Bajamos otro nivel más. Cruzamos la habitación hasta llegar al pasillo de la planta 6. Totalmente vacío.
-¡Puchi, aquí no esta!.-grité, al momento que estallaba el cristal de una puerta al fondo.
-Sigue en el descansillo.-nos explicó ella.
-¡Es ella!.-gritaba Laura observándola.
Saltaba por el hueco de la puerta donde antes había un amplio cristal.
Al alcanzarla vimos como un hombre tiraba de su pierna. Cerré la mano y lancé mi brazo contra su cara. Semejante golpe le tiró al suelo. Laura agarró a Sarah. Yo repetí lo mismo con el segundo. También cayó. Asomé la cabeza tras el hueco de la puerta. Un grupo de agentes bajaban apresuradamente por las escaleras.

-Salgamos por las escaleras de fuera.-Indiqué mientras cogíamos de nuevo el camino por el que habíamos llegado.

-La tenemos.-informé a Puchi.-Vamos a salir por las escaleras exteriores. No podemos bajar por estas.
-¿Con quién habla?.-escuché decir a Sarah.

-¡Josep!. Están subiendo también por las escaleras exteriores.-me informaba Puchi.-Ve hacia la puerta numero 5, os llevara hasta el otro lado del edificio y podréis subir a la azotea. Ahí os espera el helicóptero.

-Por aquí chicas.-indiqué.
Di media vuelta. La puerta que buscaba estaba al otro lado. Por suerte, los agentes que bajaban por las escaleras aún no nos habían alcanzado.
Tan veloces como pudimos llegamos a la puerta que buscábamos. Pero estaba cerrada.
-¡Puchi, está cerrada!.-grité.
-Lo sé, lo sé. Dame un segundo.-me dijo.
Los agentes llegaban uno a uno al pasillo.
-¡¡Rápido Puchi!!.-gritó Laura.
-No consigo desbloquearla.-me avisó. -Parece que han cambiado los códigos de desbloqueo.
-¿No me jodas?.-me eché las manos a la cabeza.
-¡Apartaos, coño!.-grito Sarah totalmente enervada y lanzando semejante patada, que tan solo le bastó un golpe para abrirla.
-Tía,¿dónde has aprendido?.-le preguntó Laura.
-Habéis venido a salvarme y al final os tengo que salvar yo a vosotros.-nos dijo Sarah, victoriosa. Pero los agentes nos pisaban los talones.

Aquella habitación daba a una salida de emergencia. Unas estrechas escaleras que nos llevarían hasta la azotea. Sarah en primer lugar, Laura la segunda y yo el último, subíamos por las estrechas escaleras piso por piso hasta llegar a la azotea.
El helicóptero planeaba por encima del edificio. Bajó a una velocidad de vértigo hasta nosotros. Sarah subió de un salto y agarró a Laura para ayudarle a subir.

Los agentes me pisaban los talones. No podía detenerme o me agarrarían. Laura ya estaba arriba. El helicóptero comenzó a elevarse.
-¡Josep, agárrate a mi mano!.-me gritaba, sacando su brazo por fuera.

-¡Salta!-gritó Sarah.
De un salto me agarré al patín de aterrizaje. Levanté una mano para sujetarme a Laura pero uno de los agentes se agarró a mi pierna izquierda y me complicó la situación. Le golpeé la cara con la pierna que tenía libre para quitármelo de encima.
Seguíamos colgados en mitad del cielo. Poco a poco me iba desprendiendo de Laura hasta finalmente soltarme.
El peso del agente me fue arrastrando hasta desprenderme por completo.
Sentí como mi pierna se quedaba libre. Pero ya era tarde.
Como un paracaidista que se da cuenta tarde que su paracaídas esta roto, yo descendía a gran velocidad viendo cada vez más lejos a Laura con su brazo extendido.

Desperté todo sudado. Miré mis manos sudadas, me toqué la cara. Estaba vivo.
No podía creerlo. Todo había sido un mal sueño.
Respiré profundamente y volví a echarme en la cama.
Me quedé pensativo mirando al techo. Minutos después cogí el móvil para mirar la hora. Las 4 de la mañana. Aún podía dormir un par de horas más.

Cerré los ojos intentando conciliar nuevamente el sueño. -¡POM!,¡POM!,¡POM!...
Tres estruendosos golpes en la puerta me cambiaron el destino.