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RELATO DE JUAN CARLOS LAMAS

Cuestión de prioridades

¿Os imagináis que Josep, Sara, Laura y Puchi fuesen hermanos? ¡Qué imaginación tienen los oyentes de Ponte a prueba? Y tú, a qué esperas para mandarnos tu relato a ponte@europafm.es

Juan Carlos Lamas | Europafm.com | Actualizado el 22/10/2015 a las 17:22 horas

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Europafm.com / Ponte a prueba

Pedro Álvarez Puerto es un padre de familia viudo y con cuatro hijos los cuales son tres chicas (Laura, Sara y la pequeña Puchi) y un chico (Josep).


Siempre fue una familia feliz hasta que la repentina muerte de la matriarca hizo mella y comenzó a resquebrajar la unión familiar que entre ellos había. Un golpe muy duro para todos, pero que personalmente afectó más a las chicas mayores que las puso una en contra de la otra y realmente no sabían ni el por qué.Sara era una joven estudiante de periodismo a la que siempre le gustó exponer sus ideas sobre todo el mundo y trabajó muy duro para tejerse un futuro y tener un buen puesto de trabajo en un periódico local.Laura en cambio era una gran psicóloga ya que su Don de la orativa y su gran capacidad para convencer a los demás la llevó a lo más alto de su carrera escribiendo incluso algún libro.

Desde la muerte de su madre ambas hermanas corrompidas por el trauma y el dolor comenzaron a rivalizarse entre ellas y ni siquiera Laura, esa buena psicóloga, se daba cuenta de que la pena y la tristeza las estaba llevando a este punto de obsesión de ser la mejor de las dos e incluso casi llegar a odiarse mútuamente.Josep era el tercero de los hermanos y sufría bastante intentando siempre poner calma entre ambas, ya que últimamente se habían perdido el respeto incluso en reuniones familiares importantes como la navidad... La pequeña Puchi aún no se enteraba de nada porque era una niña que todavía no era capaz de asimilar ciertas cosas como la competitividad, los malos rollos u otras cosas que vamos ganando todos al perder esa inocencia. Solo sabía que sus hermanas discutian sin parar y no le daba mas importancia.

El golpe mas grande se lo estaba llevando el padre. Había perdido a su mujer y estaba viendo como esa familia por la que había luchado cada día de su vida se le estaba yendo cada día mas al garete. Hasta tal punto llegó esa desesperación que llegó incluso a enfermar y a tener que ser ingresado.No había un diagnóstico concreto para saber que le pasababa al pobre Pedro pero todo el mundo se daba cuenta que era el egoísmo de sus dos hijas el que realmente estaba matando a este hombre. Poco podían hacer Josep, un estudiante de instituto de tan solo 17 años y Puchi una niña que todavía creía en el Ratoncito Pérez.Sara y Laura se habían olvidado por completo del resto del mundo y habían convertido en odio todo lo que las rodeaba, solamente pensaban en ellas mismas y en demostrarse mútuamente cual de ellas era mejor, más poderosa o tenía las ideas más claras.


Es increíble pensar cómo una crisis puede tirar por la borda cualquier relación incluso de hermanos, hacer sufrir tanto a las familias como en el caso de la familia de Pedro. Sólo los sabios y verdaderamente fuertes saben que ante una crisis lo mejor es aunarse y hacer una piña entre todos ya que el amor de una familia podrá derribar cualquier tipo de barrera y superarlo todo.


Habían pasado ya un par de años desde que todo empezase a desmoronarse en aquella familia y Laura y Sara no habían vuelto a cruzarse una palabra, ni a verse siquiera, prefirieron su orgullo propio y dejar así a un padre, hermano y hermana abandonados. No se daban cuenta que con sus diferencias habían dejado incluso a los que no tenían nada que ver entre ellas.Pedro murió un 11 de marzo, desde su primer ingreso en el hospital no pudo volver a levantar cabeza y siguió con depresiones hasta que su aguante acabó y tuvo que marcharse.En la habitación del hospital se encontraban Josep y Puchi agarrando de la mano el cuerpo ya sin vida de su padre, en ese momento llegaron Sara y Laura, tras dos años sin verse ni hablarse. La habitación se convirtió en un mar de lágrimas y fue entonces cuando las dos hermanas se dieron cuenta que tal vez ese amargo final lo habían escrito ellas con sus ideas egoístas y que ahora era el momento de ponerle fin e intentar ser una pequeña familia unida.


Aunque se hagan las cosas mal nunca es tarde para arreglarlo todo y Pedro desde donde esté verá orgulloso a sus hijos unidos de nuevo. Como al principio, como a él le hubiese gustado que fuese siempre.