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RELATO DE DAVID GINÉS

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David Ginés | Europafm.com | Actualizado el 16/09/2017 a las 21:04 horas

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Dos semanas después del accidente por fin me atreví a hacerlo. Salí de casa, dispuesta a todo, me monté en el coche, lo arranqué y aceleré al instante. En menos de cinco minutos ya me encontraba en la autopista, con el sol cegándome.

Conduje dos horas seguidas por la autopista hasta llegar a mi destino, el lugar en el que mi marido y mi hija habían perdido la vida.

Hacía más de catorce días que esto había ocurrido y aún no podía creerlo, cuando pensaba en ellos rompía a llorar desconsoladamente.

Aparqué mi coche en un arcén cercano al lugar del accidente, bajé de él y esperé pacientemente a que el tráfico aminorará para poder cruzar. Cuando esto ocurrió crucé rápidamente la carretera sin parar de correr hasta estar frente al lugar del accidente.

Junto al quitamiedos roto había una corona de flores, supuse que era la que mi madre y yo habíamos comprado nada más enterarnos de lo ocurrido. Nada más verla rompí a llorar.

Me senté en el suelo asfaltado mientras miraba a mi alrededor, frente a mí había un vertiginoso precipicio que parecía no tener fin, seguí mirando a mi alrededor, a mi espalda y mis laterales había unas paredes rocosas. Parecía ser una montaña, antes no estaban, tenían forma de semicírculo y parecían no tener salida. Miré hacia el suelo, seguro que eran alucinaciones.

Lo que antes era asfalto ahora era hierba y tierra, la acaricié levemente... parecía tan real. Casi sin darme cuenta me puse en pie y me acerqué a el borde del precipicio, intenté alejarme de él, pero fue inútil, era como si algo o alguien me lo impidiese.

Pasé casi veinte minutos así, mirando hacia abajo, estaba empezando a marearme. Sin darme cuenta di un paso hacia delante y caí. Grité y me zarandeé violentamente, aunque no servía de nada...

- ¡Tranquila! ¡Sólo es un sueño Laura! -dijo mi marido, Josep, zarandeándome suavemente.

Miré a mi alrededor, estaba en una habitación blanca amueblada con un pequeña tele, dos camas y un sofá... Era una habitación de hospital.

- ¿Qué ha pasado? -dije titubeante.

- Tuviste un accidente y... y entraste en coma. Llevas así diecisiete días... -dijo en un susurro acercándose a mí.

- No... -dije antes de volver a la inconsciencia.

Esta vez a mí alrededor sólo había oscuridad, y sombras de un gris parduzco. Después de lo que parecieron siglos volví a despertar, en la misma habitación.

- Cielo... No digas nada. -me dijo Josep minutos después de verme abrir los ojos

- El mismo día de tú accidente tu hermana Sara se suicidó... La encontraron cuando tu madre fue a contarle lo que te había sucedido...

- Pero... ¿por qué?... -dije al borde de las lágrimas.

Antes de que Josep volviera a abrir la boca Morfeo volvió a secuestrarme, para llevarme a el mundo onírico.