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RELATO DE MARÍA ELEJALDE

El mundo sin Luchadores

¿Qué es lo peor que le podría pasar al equipo de Ponte a prueba? Descúbrelo en este relato de María. Envía tu relato a ponte@europafm.es

María Elejalde | Europafm.com | Actualizado el 22/10/2015 a las 17:36 horas

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Europafm.com / Ponte a prueba

"¡Plas!" se escuchó como alguien daba una patada a la puerta de madera.

"¡Plas!" segunda patada.

¨¡PLAS!" una tercera, esta vez más fuerte, consiguió que la barrera que separaba a Laura de lo que buscaba en el interior de la sala, cediera y se rompiera. Laura entró en el aula que estaba a oscuras, únicamente iluminada por los tenues rayos de una  luna primaveral.

-¿Sara? -llamó Laura a su amiga con la esperanza de que se encontrase en esta sala. En su voz se podía percibir el nerviosismo que le causaba la incertidumbre que sentía en esos momentos. Laura, que siempre intentaba mantener la calma y la compostura, estaba notablemente alterada.

Vislumbró en la esquina más alejada, la que apenas estaba iluminada, un cuerpo encogido en el suelo. Se acercó con cautela, pero al ver que la que allí se encontraba era su amiga, se apresuró a arrodillarse a su lado.

-Sara amiga, vida, cielo, cariño, amor, Sarica mía ¿qué ha pasado? -preguntó Laura inquieta.
Sara, que tenía la cara enterrada entre las rodillas, levantó la cabeza al oír la voz de su amiga. Laura pudo ver sus desgastados rasgos faciales y la locura inyectada en sus ojos.

Sara apretó todavía mas el crucifijo que tenía entre las manos antes de decir:

-Nuestros temores eran ciertos, ¡HA PASADO! -con voz quebrada y entre susurros añadió- lo hemos sabido esta tarde.

Laura que estaba de cuclillas cayó al suelo de culo. Se le abrieron mucho los ojos y la boca (para que os hagáis una idea, tanto como a Puchi las piernas... todas las noches).

Pasó unos segundos sin poder creérselo, como en estado de shock. Ninguna de las dos decía nada y Laura intentaba asimilar la información que, con a penas unas pocas palabras, Sara le había echo saber. Cuando Laura pareció recomponerse y volver a este mundo preguntó:

-¿Dónde está Josep?

Pero Sara ya había vuelto a enterrar la cara entre las rodillas y emitía un extraño ruido repetitivo mientras se balanceaba. Laura se puso en pie y salió de la sala en busca de Josep.

Miró en diferentes salas pero sin resultados satisfactorios. En el cuarto pasillo en el que entró, escuchó ruidos. Al final de aquel pasillo vio una puerta entreabierta de la que salían gemidos, ruidos extraños y gritos. Laura se acercó cautelosa mientras un escalofrío le recorría la espalda ¿por qué se le hacían tan familiares aquellos gritos?

Cuando estaba a quince centímetros de la puerta tras la que se escondía el qué o quién emitía aquellos sonidos se detuvo. Pero a penas unos segundos después, colocó la mano en la puerta y empezó a abrirla lentamente. Cuando terminó de abrir la puerta vio que algo se movía en la sala, no veía nada porque todo estaba a oscuras así que encendió la luz.

Cuando lo hizo, lo que pudo ver fue una cama. Espera.... ¿Una cama? ¿Qué demonios hacía una cama dentro del edificio de los estudios de radio? Sin tiempo a auto contestarse a la pregunta, se asomó una cabeza entre las blancas sábanas.

-¿Puchi? -preguntó Laura levantando las cejas a la persona que acababa de aparecer. Por debajo de las sábanas apareció la cabeza de un chico rubio, y Laura no pudo contener una carcajada. Pero en seguida recordó la situación en la que se encontraban y volvió a ponerse seria.

-Ha... ha pasado ¿lo sabias? -preguntó Laura, todavía un poco sorprendida de haberse encontrado a Puchi follando en una cama que había aparecido de la nada en una de las salas de dirección del edificio.

Antes de que Puchi le contestase, otro chico, esta vez moreno, emergió entre las sábanas. Laura esperó a la respuesta de la chica con una ceja levantada y la comisura del labio en una extraña posición, como si estuviese reprimiendo una sonrisa.

-No, la verdad es que no tenía ni idea -confesó la productora del programa- llevo toda la tarde aquí metida. He estado... ocupada. Espera a que termine y luego voy.

Laura estaba tan flipada por la situación que acababa de interrumpir, que no se acordó de advertirle que ni siquiera ella sabía exactamente a dónde se suponía que tenía que ir cuando “acabase”. Cerró la puerta pero no sin antes ver como un tercer chico surgía de la cama, y prosiguió su búsqueda.

No se cruzó con nadie en los siguientes minutos y entonces se le ocurrió ir al estudio de radio en el que emitían Ponte a prueba. Al entrar encontró a Josep sentado en una de las sillas que rodeaban la mesa central.  Estaba con los codos apoyados en ella y se sujetaba la cabeza con las manos mientras los dedos se enterraban en su pelo. Tenía la mirada fija en unos papeles pero cuando Laura le llamó por su nombre, y este se giró para ver quien lo reclamaba, la chica pudo ver uno ojos cansados.

-¿Son...? -empezó Laura señalando los papeles. No importaba que no hubiese terminado la frase, Josep la había entendido a la perfección. Laura se sentó en la mesa exhausta.

-Son los resultados de las audiencias, tanto las de EuropaFM como las de las otras radios -empezó Josep.

No hacía falta explicación alguna, ya que Laura lo había entendido perfectamente y no se veía capaz de soportar lo que su amigo iba a soltar a continuación:

- Los 40 principales tienen más oyentes que nosotros.

Laura ahogó un grito y se tapó la boca con las manos. Era un tema que habían estado tratando bastante a menudo y les tenía a todos preocupados que eso pudiera llegar a ocurrir. ¿Cómo podía una emisora que solo era fachada superar en oyentes a una radio llena de Luchadores como era EuropaFM?

Tras unos segundos de silencio cargados de frustración, la puerta del estudio se abrió y entró un zombie. ¡Ah no! Era Sara. Madre mía sí que debía de haber estado llorando para tener el maquillaje así de corrido.

-No sé que decían los Mayas del 21 de diciembre del 2012 -dijo Sara, su voz tenía un tono siniestro- el fin del mundo llega cuando los luchadores nos abandonan.

Sara se despertó sudando. Tenía los pelos de la nuca pegados al cuello y la cara roja como un tomate. En cuanto se dio cuenta de que todo había sido un sueño y que en realidad estaba en su casa, lo único que pensó fue: “Menuda caca de crucifijo que llevaba, mi rosario nuevo es más moderno”.