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RELATO DE CHRISTIAN CALDERÓN

Ponte a prueba y el lobo del caserío

Un personaje muy sospechoso acompañará hasta un pueblo fantasma al equipo de Ponte a prueba. Envía tu relato a ponte@europafm.es

Christian Calderón | Europafm.com | Actualizado el 16/09/2017 a las 21:04 horas

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Europafm.com / Ponte a prueba

Un día nublado como  pocos, caminaba junto a mis  compañeras por un camino desolado, íbamos a acampar en un pueblo fantasma que nos había recomendado un oyente.

Puchi, Laura y Sara, se llamaban mis compañeras; se llaman, mejor dicho, porque ninguna ha muerto.

Desde que tomamos aquel camino no habíamos visto a nadie, sólo había bosques de eucalipto en aquella zona, de un lado y del otro del camino.

De repente vimos que un hombre se levantaba en un costado del camino, se quedó sentado y sonrió mientras nos miraba con unos ojos penetrantes.

Saludamos, como es costumbre y nos devolvió el saludo. Se puso de pie y se unió a nosotros. Era alto, pálido, y dijo que se llamaba Toni. Nos preguntó hacia dónde íbamos. Tuve la intención de inventarme algo porque la mirada del tipo me inquietaba pero Puchi se adelantó y le dijo que íbamos rumbo al pueblo abandonado.

Tal y como sospeché, él dijo ir también rumbo al mismo lugar. Como caminaba junto nosotros no podíamos decir nada, pero por la mirada adiviné que Laura Manzanedo pensaba como yo, y que Puchi se había arrepentido de haberle contado hacia dónde íbamos.

Probablemente otros le hubieran dicho que se fuera o algo así, porque les aseguro, la cara y la mirada de tipo eran terribles, pero como a ninguno nos gustaban los problemas y no iba con nosotros ser prepotentes (si teníamos que defendernos era otra cosa…), seguimos el camino con él al lado.

Me preocupaba un poco la idea de acampar y pasar la noche junto al tipo. Ya no le quedaba mucho al día. Nos apuramos para llegar a un caserío abandonado que era donde pensábamos pasar la noche.

-Nosotros vamos a parar ahí- le dije al tipo, con la esperanza de que siguiera su camino.

-Bueno, les acompaño -nos dijo sonriendo.

Entonces intuí, aunque el tal Toni había hablado poco, que era alguien bastante inteligente, y no un ignorante o retardado caído en desgracia.

Qué era exactamente, no lo sabía, pero ya no sentía que fuera digno de respeto.
-Usted espere aquí -le dije-. Casas donde quedarse hay varias. Voy a hablar con mis amigas a ver si se queda en la que elijamos. Usted espere aquí.

-Ni que fueras el dueño de las casas -comentó.

En ese momento no quise darle la espalda, esperé alguna reacción, pero se giró y se quedó mirando hacia la calle. Mis compañeras se habían acercado a la casa.

-Quiere quedarse con nosotros- les dije -.No me inspira ninguna confianza, parece que es medio atrevido.

-A mí tampoco- opinó Sara- pero aunque no lo dejemos entrar, quién le impide andar rondando por aquí, planeando quién sabe qué. Dentro le podemos tener vigilado. Somos cuatro y estamos armados, y él parece que anda sin nada.

En ese momento vi que Toni volteó hacia nosotros de golpe, como si hubiera escuchado a Sara, aunque estaba lejos.

-Que entre- dijo Laura - pero si intenta algo… ahí sí, pero no creo, somos cuatro.

Yo no estaba muy convencido, pero en parte mis compañeras tenían razón. Le hice una seña y se arrimó él también.

El caserío aquel, abandonado  tenía una vivienda que estaba bastante entera, la habíamos elegido el año anterior. Tenía una pieza vacía donde había una chimenea de piedra. Todavía quedaba algo de leña del otro año. Hicimos eso sin perder de vista a Toni, que no movió un dedo para ayudarnos. Encendimos la leña y nos sentamos a calentarnos.

Toni quedó en un rincón, parecía no sentir frío, y cuando le ofrecimos algo de comer lo rechazó.
-Prefiero la carne jugosa, con sangre -dijo Toni para inquietarnos.

-Seguro que en estos bosques hay alguna oveja o vaca, por qué no va a buscarse una -comenté.

-Más tarde, todavía es temprano –dijo el señor.
- ¿Temprano para qué?
- Para que salga la luna llena -me respondió.
- ¿Qué, usted es un hombre lobo?- preguntó Puchi, con tono de broma.
- Eso soy. Más tarde se lo voy a mostrar.
Al escuchar aquello miré a mis compañeras.  Sara hizo un gesto y susurró:

-El tipo está loco.
No sabíamos si era un loco peligroso o no. Como no dijo más nada, sólo se quedó mirando hacia una ventana, no le hablamos más, aunque le vigilábamos de reojo.

El tiempo se despejó, la claridad fue creciendo y la luz de la luna dio en la cara de Toni. Se levantó y salió de la casa sin decir nada… Cuando se lo fui a decir a las chicas, la ventana estalló en mil pedazos, Toni se asomó a ella gritando horriblemente.

Le brillaban los ojos y le blanqueaban los colmillos porque al asomarse estaba medio transformado en una cosa horrible, en vez de mano tenía una pata apoyada en el marco. A la luz de la luna y de la chimenea encendida era espantoso, fue un instante terrible. Cuando eché mano a un hacha que tenía saltó hacia atrás y se fue corriendo a cuatro patas.
Después no lo vimos nunca más, y nunca más volvimos a aquel pueblo.