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RELATO DE IRENE MARÍA SEMPERE

Primer día en el hospital

Josep Lobató y Sara Gil son médicos en este relato. Anímate y envía tu relato a ponte@europafm.es

Irene María Sempere | Europafm.com | Actualizado el 16/09/2017 a las 21:04 horas

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Sara no podía estar más inquieta. Era su primer día como médico interno residente en el hospital y su cuerpo temblaba de los nervios.

La sala de sesiones clínicas se encontraba atestada de médicos con largos años de carrera a sus espaldas, los cuales serían, a partir de ese día, sus compañeros de trabajo.

Su jefe le había animado a presentarse delante de todos y le había dado los típicos consejos de bienvenida, asegurándole que tanto sus compañeros residentes como adjuntos le ayudarían en todo lo que pudieran. Ella asentía como un robot, estática y empequeñecida ante la novedad. Mientras el doctor de pelo cano continuaba hablándole frente a todos.

-Como ya sabes, tendrás un tutor que te acompañe durante tus años de residencia y que tomará nota de tu progreso. Tu tutor es el doctor Lobató, pero parece que aún no ha llegado… –comentó su jefe justo cuando la puerta se abrió.

Fue entonces cuando Sara le vio. Un hombre de cabello castaño cuidadosamente peinado hacia atrás, alto y, gracias a la camisa que llevaba pegada a su piel podía advertir que tenía un cuerpo bastante trabajado.

El doctor Lobató irrumpió en la sala sin saludar; colgó la cazadora de cuero que llevaba en el perchero y cogió una de las batas que allí había, con algunos bolis y libretas en los bolsillos; se la colocó y fue a sentarse rápidamente en una de las sillas.

Cuando se sentó, Sara observó sus oscuros ojos bajo unas negras cejas, profundos e intimidantes, que consiguieron ponerle la piel de gallina en apenas unos segundos. Sus finos labios, en armonía con aquellas facciones tan masculinas cubiertas por una incipiente barba, y su marcada mandíbula le hicieron preguntarse si aquel sujeto se habría escapado de algún pase de modelos.

Sin poder dejar de mirarle, notó cómo aquel apuesto médico le dedicaba una mirada, y fue entonces consciente de que llevaba un buen rato con la boca abierta.

-Perdonad el retraso, el puto tráfico… -se excusó.

-No pasa nada –intervino el jefe.

-Ya pensábamos que ibas a dejar huérfana a tu nueva tutelada.

La cabeza de Sara se activó como un resorte y miró al canoso jefe con los ojos desórbitados, tratando de calmar su expresión pues sabía que el resto de presentes le estarían observando.

-Él es tu tutor, el doctor Lobató –aclaró- Josep, tu nueva y primer residente, Sara Gil. Trátala bien.

-Vale –dijo simplemente mirándole con indiferencia, una efímera contemplación que duró unos segundos.

Ella no podía creerlo, ¿acaso era una broma? ¿Aquel tío bueno iba a ser su tutor durante los próximos cinco años? Pero, ¿cuántos años tenía ese tío? Se esperaba a un señor mayor o, al menos, a un cuarentón, ¡pero él era muy joven!

Además de las ganas de sumergirse por fin en el mundo laboral, Sara no pudo evitar sentir una pequeña excitación añadida. Su tutor, Josep Lobató, aquel joven médico de imperturbable semblante, aquella perfección hecha persona, sin duda le daría color a los días que le esperaban.

Ahora, más que nunca, tenía ganas de empezar.