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RELATO DE GREY AUGEN

Revelación

Grey inspiró su relato en una historia que una chica contó en Ponte a prueba. ¿Tienes un relato? Envíalo a ponte@europafm.es

Grey Augen | Europafm.com | Actualizado el 22/10/2015 a las 17:38 horas

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Europafm.com / Ponte a prueba

Puff. Me pregunto por qué los humanos utilizamos estos ruidos como despertadores, ese ‘meck’ se te mete en el cerebro y lo machaca. Son las siete y ya es hora de empezar el día, pero ganas hay más bien pocas. Según me levanto veo en la mesilla el marco tumbado de nuestra foto, sé que no necesito verla para recordar sus sonrisa y cómo me abrazaba.

Me levanto y me meto en la ducha maldiciendo el día que decidí confiar en él. ‘Adulterio’ lo llaman en la Biblia y ‘cuernos’ en la calle; yo lo llamo ‘traición’. Le eché de mi vida en cuanto me enteré de que se había liado con esa compañera de trabajo, pero sin atreverme a preguntar por qué o qué tenía ella que yo no tenía.

Esa duda me lleva reconcomiendo el alma 11 días, pero ni uno más. Mientras me miro al espejo para ver el resultado del traje y el maquillaje delicadamente puesto (sin exceso), decido que después del trabajo acabaré con
esa incógnita.

*****

Esta mañana estaba muy decidida pero ahora me entran las dudas mientras entro a sus oficinas. Pregunto por ella y en recepción me mandan al final de un pasillo que atravieso mientras me fijo que el resto de despachos están en silencio y con las luces apagadas, vacíos. Llego hasta la puerta que me ha indicado la secretaria y veo su nombre sobre ella. Por un momento dudo si llamar a la puerta o entrar gritando.

Me tomo un segundo, respiro y la abro directamente.

La veo que está de costado, apoyada en la pared, con un cigarrillo en la mano y la ventana abierta. Por alguna razón, de la que no soy consciente, me quedo en silencio mirando cómo se lleva el cigarro a los labios y fijándome en que su chaqueta está el respaldo de la silla y que los botones de su blusa están desabrochados dibujando un insinuante escote.

En un momento determinado ella se da cuenta de que hay alguien en la puerta y gira su cabeza hacia mí, elevando las cejas en señal de pregunta indirecta a quién era o qué quería. Respiro una vez profundamente y me armo de valor

—¿Qué le das tú a Josep que no le dé yo?— Ella alza un poco más las cejas y simplemente suelta

—¿Perdona?— llevándose el cigarro otra vez a la boca, apurándolo.

—Soy la ex-novia de Josep y me gustaría saber que tienes tú que yo no tenga para que él eligiese engañarme contigo— espeto rápidamente en apenas unos segundos.

Ella termina el cigarro, lo apaga completamente y lo mete en una lata (¿vacía?). Suelta el humo lentamente en dirección a la ventana y después se gira hacia mí.

—Entra y cierra la puerta, por favor; aunque creo que ahora estará todo el mundo comiendo— dice al mirar el reloj.

Me siento cohibida por su tranquilidad y la obedezco.

—¿Quieres saber qué tengo yo que tú no?—, yo asiento como respuesta, —nada, tú eres preciosa, muy bonita—. Frunzo el ceño mientras pregunto:

—¿Entonces por qué?

Se encoje de hombros y responde:

—Eso no me lo tienes que preguntar a mí, sino a quien tiene la respuesta. Pero — hace una pausa de unos segundos y continúa —puedo enseñarte lo que yo sé.

Como respuesta vuelvo a asentir con la cabeza. No sé realmente qué esperaba, pero desde luego no lo que pasó.

Con un movimiento lento se separa de la cornisa de la ventana en la que estaba apoyada y se acerca a mí hasta estar a 10 centímetros de distancia. Me mira a los ojos mientras una leve sonrisa le aparece en el rostro y acerca una mano, rozándome con las yemas de los dedos el cuello. Lleva la mano de mi cuello a la nuca y me besa.

Estoy congelada, tensa y en shock mientras veo que su rostro se acerca al mío y nuestros labios se encuentran. Estoy tan sorprendida de que esa mujer me esté besando que no sé qué hacer, ¡y encima huele a tabaco! Pero entonces intensifica el beso y mi cuerpo reacciona a ese beso como pensé que nunca lo haría. La planta entera está tan en silencio que mi respiración agitada se convierte en la banda sonora de este instante.


*****


-TOC, TOC.

Ambas nos sobresaltamos al oír la llamada en la puerta y giramos la cabeza en ese dirección aunque sigo notando su mano en mi trasero.

— ¿Quién es?— pregunta, y una voz algo ahogada contesta tras la puerta,

—Soy yo, ¿puedo pasar?— me mira, me da un beso rápido y se sienta en la silla frente al escritorio mientras contesta.

—Por supuesto—.

Es la secretaria a la que le pregunté donde estaba el despacho. Se queda en la puerta, mirándonos a nosotras y a lo que nos rodea. Yo me ruborizo sin poder evitarlo, cojo mi bolso y suelto un "ha sido un placer" mientras me
dirijo a la puerta. La secretaria se hace a un lado para dejarme pasar y justo cuando estoy a punto de salir ella me pregunta:

—¿Nos vemos mañana a la misma hora para seguir...hablando?.

Me quedo clavada en el lugar durante 2 segundos y sin darme la vuelta por la vergüenza me sale decir "vale", salgo del despacho y echo a andar por el pasillo. Cuando llevo 5 metros andados oigo a la secretaria preguntar

—¿Qué ha pasado aquí? ¿Te ayudo a recoger esos papeles, Puchi?.

Yo continúo andando y la distancia ahoga el significado de la respuesta. Antes de salir a la calle me meto la camisa por dentro de la falda, tal cual la llevaba antes de entrar al despacho, y me subo las medias. El último pensamiento que tengo antes de salir a la calle es "¡Menos mal que hoy llevo el pelo recogido!" Y salgo a la calle con una sonrisa que hace tiempo no estaba presente en mi cara.