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RELATO DE CLAUDIA

Los tres últimos viajes

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Claudia | Ponte a prueba | Actualizado el 22/10/2015 a las 17:53 horas

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Sonó un fuerte timbre. Laura y Sara se miraban asombradas, no sabían lo que pasaba, ni como habían llegado hasta allí.

Sus rostros habían cambiado por completo, desbordaban dulzura y sus enormes sonrisas deslumbraban a cualquiera que las mirara.

Sara había menguado bastante pero Laura seguía en su estatura normal, iban vestidas con una especie de delantales que no recordaban tener.

La verdad, es que estaban bastante guapas, pero aun así nadie se atrevía a decirles nada.

Estaban desconcertadas, rodeadas de personas que nunca habían visto y en un sitio que cada vez les iba sonando más.

De repente, sonó aquel timbre, pero esta vez más fuerte. Sintieron que una voz les llamaba, una voz grave, de un hombre. Una voz que les decía:

-Tienen que ver esto, les necesito.

De nuevo, se encontraron en un lugar muy peculiar, pero no sabían exactamente dónde. Esta vez sonaron campanas, sí, eran campanas de boda. Iban preciosas con sus largas melenas y sus caros vestidos blancos.

En medio de las lujosas celebraciones, sonó el tercer timbre. Volvieron a oír esa voz, esa voz que les resultaba familiar y que por segunda vez les llamaba.

Fue entonces cuando aparecieron en medio de una sala de cine. Hacía mucho frio, estaban solas y las chicas empezaron ponerse nerviosas. Estaban inquietas, no sabían qué hacer.

Se apagaron las luces y la sesión comenzó. Era la película de sus vidas, todos los momentos que les habían marcado aparecían en aquella gran pantalla.

Cuando todo terminó, las luces no se encendieron, se quedaron atrapadas en la siniestra oscuridad de la inmensa sala.

Sonó el cuarto timbre, que indicaba que aquel viaje había terminado, y la voz de aquel extraño hombre les dijo:

-Este viaje ha terminado, pero solo una podrá ganarse mi regalo. La otra se quedará aquí para el resto de su vida. De todas maneras, eso ya no lo decido yo, es cosa tuya, persona que me escuchas, decidir quién se llevará el prestigioso regalo.

-¡Josep! - Murmuró Laura.