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CUMPLE 38 AÑOS

Britney Spears, o cómo se rompió la gallina de los huevos de oro

La vida de Britney Spears no ha sido nada fácil: ya desde bien pequeña centró todos sus esfuerzos (y los de su familia) en triunfar. Y cuando lo consiguió nada fue como ella esperaba. El exceso de trabajo, el fracaso de sus forzadas relaciones sentimentales y la manipulación de personas de su círculo de confianza destruyeron la salud mental de Britney. Muchas son las teorías acerca de la posible invención de los problemas de la cantante para quedarse con toda su fortuna.

Álex Vilalta
 |  Barcelona | 02/12/2019
Britney Spears durante una actuación en 2016 en Los Ángeles

Britney Spears durante una actuación en 2016 en Los Ángeles / Getty

Britney Spears cumple 38 años,y pese a ser una de las grandes del mundo de la música, su carrera ha sido, de bien seguro, la más irregular del panorama musical internacional. Algunos lo achacan a la fragilidad de su estabilidad emocional, mientras que cada vez son más los fans que aseguran que hay una mano negra detrás de los problemas de la cantante.

Y es que la infancia de Britney no fue, ni por asomo, envidiable. La precariedad económica con la que vivía su familia, y el problema de alcoholismo y agresividad de su padre, convirtieron su infancia en un infierno. Parece que la música era su vía de escape, y es que de bien pequeña ya derrochaba talento cuando hacía sus primeros pinitos en la música. Y eso centró sospechosamente los esfuerzos de sus padres, que dedicaron todo el dinero que tenían a formar y a promocionar a su hija. De hecho, decidieron presentar a su hija al casting del club Mickey Mouse, y fue rechazada por ser demasiado joven.

 

Después de triunfar en un talent show infantil y acceder finalmente al club Mickey Mouse (con compañeros de equipo como Christina Aguilera, Ryan Gosling o Justin Timberlake), Britney Spears vivió uno de los mejores momentos de su vida, como ella misma reconoció. Y ahí despegó su carrera profesional en solitario. A los 17 años, lanzaba su primer álbum ‘… Baby One More Time’, que se convirtió en todo un éxito, siendo el álbum de una solista adolescente más vendido de la historia. Y seguramente, ese fue el momento en el que el mundo de Britney empezó a descontrolarse de manera peligrosa.

 

La cantante acababa de entrar en el feroz mundo del show business, y pagó las consecuencias. Britney se había convertido en un producto prefabricado por la compañía discográfica, que lo controlaba todo: su forma de vestir, el tono de su voz arreglada con el autotune, ¡y hasta su agenda! La revista Rolling Stone reveló que solamente tenía una hora libre al día en su agenda para ella misma. Incluso la cantante llegó a llamar la atención sobre este punto en el año 2000: “Mi ansiedad se ha vuelto una locura. Necesito un descanso, un tiempo para mi misma, o me volveré loca”. A todo esto, la llegada de sus siguientes álbumes de estudio consolidaron su fama a nivel internacional, aumentado de manera exponencial la presión mediática a la que la cantante estaba sometida, que no podía ni ir a al baño sin que una manada de paparazzi la acosara.

 

Seguramente, la sensación de soledad extrema que sintió Britney como producto de esta situación de sobreexplotación y y sobrecarga de trabajo, llevó a la cantante a sentir la necesidad de encontrar el amor fuera como fuera. Su primera relación mediática fue con Justin Timberlake, una pareja adolescente idílica pero que acabó entre reproches mutuos: algunos creen que él quería aprovecharse de la fama de Britney, mientras que otros aseguran que la cantante le habría sido infiel.

Su obsesión por encontrar el amor hizo que se alejara de su familia y la llevó a contraer matrimonio con Jason Alexander durante 55 horas, al estar bajo los efectos de algunas sustancias. Tiempo después, Britney pasó de nuevo por el altar, en esta ocasión con Kevin Federline, con quien tuvo dos hijos. Esta relación fue devastadora para la cantante, que entró en “una depresión continua”, según un amigo cercano de la cantante. Él hizo que se enemistara con su familia, con su equipo, y hasta la manipuló para despedir a su representante, Larry Rudolph.

 

Tras su divorcio en 2005, Britney entró en una de las etapas más oscuras de su carrera. Cada vez eran más las apariciones en público que la cantante hacía junto a Paris Hilton y Lindsay Lohan, saliendo de fiesta o en un claro estado de embriaguez. En 2007, su exguardaespaldas, Tony Barretto, aseguró en una entrevista haber visto en varias ocasiones a la cantante "abusando de sustancias", hecho que fue usado por su exmarido para obtener la custodia compartida de sus hijos.

Además, en esta época hubo otro pleito: el padre de la cantante demandó al que era su representante, Osama “Sam” Mufti. Según la demanda, Sam mezclaba pastillas con la comida de la cantante, escondía el teléfono de la cantante y llamaba a los paparazzi para que la persiguieran, favoreciendo la saturación que llevaría a la cantante a rehabilitación.

 

En 2007, como era previsible, esta situación acabó estallando. Britney “enloqueció” fruto del estrés, y pudimos verla rapándose la cabeza delante de la prensa, que lo estaba grabando todo. Durante ese año, entró dos veces a rehabilitación, fue pillada conduciendo sin carnet, tuvo un accidente con su coche del que huyó y, finalmente, actuó en los MTV Music Awards demostrando que la cantante no se encontraba en su mejor momento. Un mes después, perdió la custodia de sus hijos.

 

Durante esta situación de colapso, su padre fue nombrado administrador único de sus bienes, así como obtuvo la custodia compartida de los hijos de Britney Spears. La cantante volvió a alejarse del foco mediático, e inició un nuevo (y esta vez más fructífero) proceso de recuperación. Cuando parecía que la cantante podía recuperar su vida normal (y ya había regresado a los escenarios aparentemente muy recuperada), el padre de la cantante cayó enfermo. Eso hizo que Britney cancelara la residencia en Las Vegas que estaba haciendo en 2018 para estar a su lado.

En 2019, después del empeoramiento del estado de salud de su padre, Britney ingresó unos días en un centro psiquiátrico, en el que fue tratada con pastillas por el estrés de los acontecimientos. Finalmente, esta situación hizo que la cantante perdiera la custodia de sus hijos.

Pese a que a simple vista, puede parecer que los problemas de salud mental de Britney Spears podrían derivarse del concepto de 'juguete roto' de la ambiciosa industria musical, cada vez son más las voces que insinúan que los círculos más próximos a la cantante, se han aprovechado de la fragilidad de la misma para sacar un beneficio: un marido que la manipulaba a su gusto, un representante que le escondía pastillas en la comida, un padre que quiso quedarse con el control financiero de la cantante… ¿Y si el hecho de hacer que entre en rehabilitación, sirve para poder seguir demostrando que la cantante no está bien? ¿Y si seguir teniéndola bajo los efectos de la medicación, hace más fácil demostrar que aún no se ha recuperado?

Lo cierto es que estas son solo algunas teorías, más o menos inverosímiles, pero lo que sí que es cierto es que la vida de Britney ha sido de todo menos equilibrada. De nuevo, la sobreexplotación de un personaje para obtener un beneficio por parte de la industria del espectáculo, ha sido llevada a cabo sin escrúpulos, empujando a la 'gallina de los huevos de oro' al colapso, y convirtiéndola en la gallina enferma que ya no tiene sitio en el corral. Por suerte, el tiempo y el talento, pone a cada uno en el lugar que le corresponde.

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