LA MILI DE LOQUILLO

Depresión, drogas y homofobia: Loquillo habla de su experiencia en la Armada

El intérprete de Cadillac Solitario recuerda sus años en el Servicio Militar Obligatorio como una experiencia casi traumática de la que no aprendió nada pero en la que no le quedaba otro remedio que cumplir con sus obligaciones. Loquillo habla de su mili con LOC.

Loquillo, en laSexta Columna
Loquillo, en laSexta Columna // laSexta.com

Europa FM

Madrid 05/09/2022 14:00

Con una larguísima y reconocida trayectoria a sus espaldas y bautizado como uno de los adalides del rock de los 80, Loquillo no solo se ha empapado de abrumadoras experiencias en el mundo de la música.

Su talento sobre el escenario comenzaba a darle notoriedad con el grupo Los Intocables cuando recibió la llamada de sus obligaciones. Debía cumplir con su deber en la Armada, servicio en el que José María Sainz Beltrán (verdadero nombre de Loquillo) se alistó en el año 1981.

Tenía 21 años y hacía así un parón obligatorio para la inmensa mayoría de los jóvenes como él. Pocos podían evitar cumplir con un compromiso con la madre Patria que ellos no habían firmado.

"Recibí la noticia con odio y furia-muy shakesperiano-. Iba a servir una bandera contra la que luchó mi padre: sargento de Carabineros de la República", cuenta en una entrevista con Marta Corbal para La Otra Crónica de El Mundo.

Era un insumiso, pero ninguna resistencia le sirvió para escaquearse de sus servicios en las bases de Vigo y Cartagena. "Formé parte de la primera dotación de la Corbeta F35 Cazadora. La adaptación a la nueva realidad para oficialidad y marinería no fue fácil", recuerda el intérprete de Feo, Fuerte y Formal.

En aquellos dos años en los que el cantante estuvo recluido por la Armada, entre 1981 y 1982, España vivía sus primeros -y convulsos- años de democracia. Mientras para algunos estos nuevos aires significaban un inspirador camino hacia la libertad, otros miraban con nostalgia el régimen. El 23 de febrero del 81 Tejero perpetraba en el Congreso de los Diputados un fallido golpe de Estado.

Intentó compaginar su deber en las Fuerzas Armadas con su vocación, la música. Aprovechaba los permisos para promocionar su primer disco, Los Tiempos, mientras veía dar sus primeros pasos a artistas como Eduardo Benavente con la banda Parálisis Permanente y a Alaska con Alaska y los Pegamoides. "Eran mis bandas favoritas", afirma.

Su primer tatuaje y las drogas

Sus aires de insurreción no le impideron terminar acatando sus funciones como cualquier hombre del servicio. Loquillo se hizo su primer tatuaje a su paso por Finisterre e hizo de "camello" para sus superiores. Le gustaba traspasar la fina línea entre el bien y el mal. "Compré drogas blandas para personal con rango y marinería bajo mano, tenía patente de Corso", confiesa.

Pero no solo sus superiores aliviaban sus preocupaciones a base de chutes. También los soldados del mar buscaban un respiro ante las demandas de la Madre Patria. "Inyecté heroína a un marinero que había embarcado con síndrome de abstinencia. No se encontraba la vena", cuenta a El Mundo.

A día de hoy recuerda que su mayor preocupación era sobrevivir. "Lo primero era yo y lo segundo también", dice antes de reconocer que hubiese terminado en la cárcel de no aceptar su destino en la Armada. "El estado era dueño de mi vida".

Denuncia homofobia en la Armada

Hace 40 años ni la conciencia social ni las instituciones daban cabida a la apertura. Las mentes seguían siendo retrógradas y se daban situaciones de discrimanción por las tendencias sexuales.

"Vi humillaciones que ahora serían delito. Sobre todo debido a la inclinación sexual del marinero. La depresión era el demonio a batir y la heroína su mayor aliado", asegura sobre su primer periodo de instrucción.

Sus conclusiones sobre aquellos dos años pasan por el rechazo a los movimientos colectivos. "En la mili no aprendí nada. Me reafirmé en mis posiciones en defensa del individuo frente al colectivo", termina.

Te puede interesar