EL TRASTORNO MENTAL MÁS COMÚN

Qué es la ansiedad y cómo se trata

Una de cada 13 personas sufre ansiedad, el trastorno mental más común en el mundo. Conocer por qué ocurre, saber detectarla y tratarla, es imprescindible para poder aliviar e incluso terminar con sus síntomas.

Qué es la ansiedad y cómo se trata
Qué es la ansiedad y cómo se trata // Pexels

Manuela Sanoja

Madrid 18/06/2021 07:04

“Te da un agobio muy fuerte, molestia en la cabeza, te empieza a faltar el aire y te da taquicardia. Es entonces cuando sientes que te vas a morir. No sabes por qué. Tampoco tienes un dolor real, pero el sentimiento es de estar muriéndote. Es muy difícil de explicar por qué no es nada localizado. No es como cuando te duele la tripa o un tobillo. Es una sensación de que te vas a desfallecer”, relata Paula (31) sobre los ataques de ansiedad que sufre desde que estaba en la universidad. Su caso no es aislado.

En todo el mundo, una de cada 13 personas padecen este problema, según los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de los que se hace eco la Asociación Americana de Ansiedad y Depresión. De hecho, los trastornos de ansiedad son los trastornos mentales más comunes en todo el mundo.

Dos tipos de ansiedad: adaptativa y no adaptativa

La ansiedad de por sí no es mala, explica Elena Dapra, psicóloga clínica y vocal de sección del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid (COPM): “Es la respuesta fisiológica, cognitiva y motora que emite una persona ante situaciones que considera amenazantes (tanto física como psicológicamente) y en las que desconoce qué hacer para solucionarlas. Se activa para responder a un peligro”.

Hay dos tipos de ansiedad, aclara. “La adaptativa y la no adaptativa. La primera es esa respuesta ante situaciones amenazantes. Por ejemplo, que venga un león a comerte, una serpiente a picarte, un coche que va a atropellarte. El problema llega con la segunda, la no adaptativa, que es cuando la persona interpreta una situación como amenazante cuando en realidad no lo es. Por ejemplo, gente que tiene fobia a los exámenes de la facultad o al de conducir”. En otras palabras, cuando aparece la ansiedad ante una situación en la que la vida no corre peligro.

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Ataque de pánico // Pexels

Síntomas fisiológicos de la ansiedad

Sea del tipo que sea, esta reacción tiene una serie de síntomas fisiológicos. “Se descarga adrenalina, se dilatan las pupilas, dan taquicardias, la circulación se dirige hacia la musculatura esquelética, aumenta la tensión arterial, los músculos se contraen, aumenta la sudoración y disminuye la circulación en la piel, puede haber parálisis por un instante. También hay casos muy extremos en los que los esfínteres se relajan y hay pérdida de orina, la respiración se entrecorta y es hiperventilada, aparece una sensación de ahogo. En la cara, se arruga la frente, se ve la mirada hacia abajo, hay sensación de tensión y rigidez. Y la voz coge un tono quejoso y va muy de prisa”.

También aparecen distintas sensaciones y sentimientos como los nervios, la irritabilidad, angustia, estrés, miedo, pavor, pánico, sensación de estar desbordado… Y pensamientos de no ser capaces, de no saber afrontar la situación, de no poder con ella, entre otros. “Estos son algunos de los síntomas. No se tiene por qué tener todos ellos. Pueden aparecer algunos y otros no”, aclara. Un cóctel hecho para reaccionar ante esas situaciones de riesgo de las que hablaba la experta y a las que pueden reaccionar de tres formas: afrontándola, quedándose bloqueadas o huyendo.

Ataque de pánico o crisis de angustia

Los ataques, como el que describía Paula al inicio del artículo, se pueden producir en cualquier contexto cuando se sufre un trastorno de ansiedad. Sin embargo, no todo el que padece ansiedad tiene estos ataques. Su nombre técnico es, en realidad, ataque de pánico o crisis de angustia. “La emoción asociada a la ansiedad es siempre la del miedo y las emociones tienen diferentes intensidades y, según ellas, reciben nombres diferentes. En este caso, cuando aparece mucho miedo se llama pánico. De ahí, el ataque de pánico”, aclara Dapra.

La explicación de lo que ocurre, según el DSM-V, una de las biblias de los trastornos psicológicos, es la presencia temporal o aislada de miedo o de malestar intenso. Aparece de manera súbita, llega a su máxima expresión en cuestión de 10 minutos y se puede producir desde un estado de calma o uno de ansiedad.

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Detectar un ataque de ansiedad // Pexels

Cómo saber si se está teniendo un ataque de ansiedad

Para considerar que se está teniendo un ataque, apunta la descripción del DSM-V, es necesario que aparezcan al menos cuatro de los siguientes síntomas físicos y cognitivos: palpitaciones, golpeteo del corazón o aceleración de la frecuencia cardíaca; sudoración; temblor o sacudidas; sensación de dificultad para respirar o de asfixia; sensación de ahogo; dolor o molestias en el tórax; náuseas o malestar abdominal; sensación de mareo, inestabilidad, aturdimiento o desmayo; escalofríos o sensación de calor; parestesias (que es la sensación de entumecimiento o de hormigueo); desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización (separarse de uno mismo); miedo a perder el control o a volverse loco; y miedo a morir.

Técnicas para salir de un estado de ansiedad

Para salir de este estado “es necesario trabajar la respiración y la relajación, que son las respuestas incompatibles con la ansiedad y hacen que disminuya el nivel de activación basal”, indica Dapra. Así, cuando se detectan las señales del miedo o de la ansiedad, toca poner en práctica las técnicas de respiración y relajación aprendidas.

“No vale con haberlas hecho una semana. Requieren práctica y habrá veces que salgan mejor y peor”, indica. En la página web del Ministerio de Sanidad recopilan algunas técnicas que ayudan a reducir la actividad fisiológica y aclaran. Todas ellas se pueden practicar en casa. Eso sí, debe ser todos los días, durante al menos tres meses, aclaran en la web de Sanidad: “Cuanto más tiempo se le dedique, mejores serán los resultados”.

  • Técnica de relajación muscular progresiva: “Consiste en aprender a disminuir la tensión muscular realizando ejercicios de tensión, poco intensos y breves y de relajación, más largos. Debemos centrarnos en las sensaciones que producen ambos pasos para adquirir las habilidades necesarias que nos permitirán identificar la tensión y eliminarla”.
  • Técnica de relajación mediante la respiración: “Consiste en aprender a disminuir la tensión muscular realizando ejercicios de tensión, poco intensos y breves y de relajación, más largos. Debemos centrarnos en las sensaciones que producen ambos pasos para adquirir las habilidades necesarias que nos permitirán identificar la tensión y eliminarla”.
  • Técnica de cambio de foco o de la imaginación: “Se basa en la modificación de la actividad de nuestro sistema de procesamiento de información, en aquellos aspectos que podemos hacerlo voluntariamente; por ejemplo, cambiar el foco o tema de nuestra atención”.

Y si la persona no es capaz de salir sola, podemos intentar ayudarla. “Tenemos que ponernos delante, mirándola a los ojos. Nada de cogerla fuerte ni hacer movimientos bruscos. Cualquier cosa que vayamos a hacer tenemos que avisarla antes. Se trata de intentar distraerla de las sensaciones que está teniendo. Por ejemplo, si vas caminando por la calle, le enseñas algo y le pides que centre su atención en ello, que te diga qué ve en eso”, aclara Dapra, quien concluye diciendo que lo suyo es que los profesionales les enseñen cómo salir solos.