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QUERÍA TENER CURVAS Y NO SER UN FIDEO

Sara Carbonero confiesa cuál era su complejo de adolescente

En algún momento de su vida, muchas personas han tenido algún que otro complejo y Sara Carbonero es una de ellas. La presentadora ha relatado en su blog que durante mucho tiempo, cuando era adolescente, le costaba mucho ganar peso y que eso era un trauma, ya que no encontraba ropa que la favoreciera, ni las tallas más pequeñas.

@europa_fm | Barcelona | 16/05/2017

Sara Carbonero en un partido de Iker Casillas en Oporto

Sara Carbonero en un partido de Iker Casillas en Oporto / Gtres

Actualmente Sara Carbonero es una de las presentadoras más conocidas de nuestro país, pero su camino hacia el éxito no ha sido sencillo y, como cualquier otra persona, también ha vivido con algún que otro complejo.

La mujer de Iker Casillas se ha sincerado en su blog y ha relatado su experiencia con el deporte, algo que siempre le ha gustado desde pequeña, cuando disfrutaba de las clases de Educación Física; y también ha querido dar algunos de sus complejos de adolescente.

A través de sus palabras, Sara Carbonero expresa que durante mucho tiempo no se sentía a gusto con su cuerpo porque no conseguía engordar. Y, aunque para muchos esto de no ganar peso puede ser una ventaja, la realidad no es así.

La presentadora explica que "Cuando yo era una niña no conseguía que engordara ni un gramo. Recuerdo ir con mi madre a comprarme ropa y la talla más pequeña que existía me quedaba grande. Con 15 años seguía comprándome ropa en la sección de niños." y quiere dejar claro que "No lo cuento con orgullo, por aquella época, siendo ya adolescente, me acomplejaba no tener apenas curvas y ser un fideo, pero terminé aceptando que mi constitución y mi genética eran así y que estar sana era lo más importante. Pero cuando estás cerca de los treinta, al menos en mi caso, no se puede seguir tirando de genética así que decidí volver a entrenar."

Ahora, tras aficionarse al running y descubrir los beneficios del pilates, se ha iniciado en eL mundo del yoga, "hago tres clases a la semana e intento no saltarme ninguna". Y ha dejado de lado todos esos complejos, ha aprendido a vivir con su cuerpo y "ahora por lo menos consigo guardar el equilibrio sin que me de la risa, mantener la respiración y desconectar del todo en esos ratos."

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