Rosalía celebra una colosal fiesta teatral en su primer concierto en Madrid con el 'LUX TOUR'
Rosalía llega a Madrid para pasárselo en grande e interpretar su variado repertorio con mucha solvencia vocal, distintos tipos de baile y un sentido del humor que conecta rápidamente con el público. Las referencias y los discursos no han tardado en llegar, dejando ver a una artista de lo más cómoda con sus fans españoles en esta primera noche en el Movistar Arena de la capital.
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La fe por Rosalía es uno de los sentimientos más potentes en la música actual, y este Lunes Santo, 30 de marzo, la artista ha congregado a sus fieles en su primera noche en el Movistar Arena con el LUX TOUR.
Aunque nunca puso en duda su show en Madrid, la catalana tuvo que cancelar su ultimo concierto de la gira celebrado en Milán a causa de una intoxicación alimentaria, y algunos temían que no llegara recuperada a la capital. Pero era cuestión de creer, y efectivamente Rosalía se ha mostrado de lo más renovada y entregada a sus fans españoles en el primero de ocho conciertos que da en nuestro país.
A las 20:47 exactamente las luces se han apagado paulatinamente para introducir a la gran orquesta, que ha accedido entre el público para colocarse en mitad de la pista del pabellón. Rosalía se ha hecho rogar unos minutos más, hasta que ya la conocida caja de madera donde se esconde ha sido trasportada al escenario principal al son de los violines.
Una bailarina de ballet emocionada
Tras la caída de los tablones de madera, una Rosalía estática ha mirado fijamente a su público soltando una sonrisa y enfundada en un gran tutú rosa. Acto seguido ha empezado a entonar Sexo, violencia y llantas con una voz impecable. Con ayuda de su grupo de baile la catalana ha demostrado que el ballet tampoco se le resiste y sobre sus puntas ha cantado Reliquia, para dar paso en la misma postura a Porcelana, canción en la que se ha atrevido con acrobacias.
Con grandes sabanas de tul el espectáculo ha seguido con estética de danza clásica mezclada con urbano al ritmo de Divinize. Dos caras de la misma moneda, aquella que responde a la polifacética estrategia artística de Rosalía.
Con el público ya en materia la artista cuenta que ha estado enferma, pero que ahora ya está perfecta. Y lo ha demostrado con creces entonando Mío cristo piange diamanti y un velo envolviendo su cabeza. Tras una transición con sus bailarines en pantalla, la cantante ha reaparecido en escena para cantar Berghain con esos ya conocidos cuernos que simbolizan la figura del demonio.
"Hace más de una década que vengo a Madrid y es una ciudad que quiero mucho y de la que tengo muchos recuerdos", ha expresado con la voz quebrada. La artista ha repasado cómo comenzó a cantar en un tablao flamenco para pasar a llenar tantas noches el Movistar Arena en tan solo 10 años. Y todo ello con un espectáculo que combina orquesta en directo, un grupo impresionante grupo de bailarines y la mismísima presencia escénica de Rosalía.
El ritmo ha dado un giro al son de Saoko, canción en la que la de Barcelona ya ha mostrado un nuevo outfit de culot fucsia y peluca clásica, con el que ha perreado a lo grande y ha viajado a un lado del otro del escenario entre bailarines. "¡Dónde están mis chulapos y chulapas!", ha gritado antes de bailar y cantar La fama para todos aquellos fans de Motomami. Y continuando con este disco la artista ha derrochado sensualidad y carisma con La combi Versace.
"Madrid es una ciudad que quiero mucho y de la que tengo muchos recuerdos"
Por fin ha llegado su esperado y desbordante de energía dance break enDe madrugá. Una transición a ritmo de marcha con la percusión como protagonista, pero también con las notas de los violines, han puesto el foco en la orquesta mientras la cantante reaparecía con un look nuevo y sobre un alto bloque para entonar con mucha epicidad El Redentor.
Acto seguido, un grupo selecto de fans ha subido al escenario para recordar que contemplan una obra de arte, a la que no paran de grabar, mientras la artista aparece dentro de un cuadro entonando su versión tan personal de Can't Take My Eyes Off You.
La gran sorpresa de Soy una pringada
La sorpresa de la noche ha llegado con Soy una pringada, que tan solo con la voz el público la ha reconocido. Juntas han entrado en el confesionario, donde la creadora de contenido ha compartido con la catalana una turbia experiencia con un hombre. Este intercambio tan cómico ha sido la introducción perfecta de la actuación de La Perla, con la que una noche más Rosalía se ha dejado tocar y levantar por guantes blancos.
La emoción ha irrumpido con Sauvignon Blanc, no sin antes producirse un especial sketch de humor improvisado entre Rosalía y una fan. "Yo no tengo muchos vicios, pero una copa de vino sí me gusta", ha introducido la catalana. Y una fan llamada Eugenia, desde el público, le ha gritado: "¿Sabes por qué no tienes vicios? ¡Porque el vicio eres tú!".
"¿Sabes por qué no tienes vicios? ¡Porque el vicio eres tú!""
Rosalía ha pasado así de la risa a la emoción, y pronto a la grandilocuencia, que ha llegado con la actuación de La yugular. Con nieve y con el color rojo iluminando toda la escena, la artista se ha roto el alma con esta canción.
Y tras este desgarro la cantante ha salido con su público mientras cantabaDios es un stalker hasta llegar a la tarima en mitad de la orquesta, donde ha celebrado este Lunes Santo con un gran botafumeiro recorriéndose el Movistar Arena a ritmo de Cuuuuute.
En mitad de los músicos ha interpretado con el desparpajo que la caracteriza La rumba del perdón, donde ha aprovechado para agradecerle a su equipo el trabajazo que hace en esta gira.
El show ha continuado con Bizcochito y Despechá ya en el escenario principal. Enfundada junto a su grupo de bailarinas con alas blancas, la diversión ha tomado el testigo y la catalana no ha ocultado que se lo estaba pasando en grande y ha reído, cantado a la perfección y saltado como una fan más del concierto.
Un final de agradecimiento y solemnidad
Así ha prometido que no olvidará jamás esta noche y a continuación se ha dejado llevar con Novia robot, que ha cubierto de un aura algo siniestra el Movistar Arena. Tras bailar el 'Reina y guapa' de un recinto abarrotado, ha vuelto la intensidad con Focu 'ranni, cuyo final simula el desenlace de la protagonista de El cisne negro.
Aunque parecía el cierre del concierto, el bis se ha abierto paso con una Rosalía compungida mientras se mimetizaba con Magnolias, cerrando por todo lo alto con una puesta en escena teatral este show que le ha dado tantas alegrías este 30 de abril.
Rosalía es una bestia escénica y no hay mayor poder que amar lo que se hace. La artista roza la perfección vocal y se atreve con todo, precisamente porque el talento de explorar sin renunciar a divertirse es lo que construye la identidad artística de la catalana. La cantante ha sabido plasmar en el escenario a través de la teatralidad una discografía de lo más diversa, pero también de lo más auténtica que nada tiene que envidiarle a grandes estrellas internacionales del pop anglosajón.