CRÓNICA

El Madrileño o barbarie: C. Tangana monta un show en el que te podrías quedar a vivir

Pucho vuelve a Madrid, la ciudad que le vio madrugar para hacer bocatas en un Pan's and Company, convertido en el artífice del disco más vendido de 2021. Un logro que celebra con el espectáculo cinematográfico más grande de su carrera. Ya no se riega en Ballantines sobre el escenario, ahora su show sí está a la altura del precio de las entradas que vende. 16 mil personas lo han comprobado en el WiZink Center.

C. Tangana
C. Tangana // EFE

Madrid 06/03/2022 02:47

El Madrileño, C. Tangana, Pucho, Antón. No sabemos cómo, pero se las ha arreglado para dar un golpe sobre la mesa y callar todas las bocas de los que cuestionaban su directo. Después de esto bien podría retirarse, superarlo no va a ser tarea sencilla.

¿Sin cantar ni afinar?

Consciente de sus límites pero también del poder de atracción que desprende, su mayor gesto de desdén ha sido llamar al tour más importante de su carrera Sin cantar ni afinar. Un eslogan extraído de un verso de Un Veneno que recuerda sospechosamente al famoso Ni canta ni baila del New York Times con el que Lola Flores se encumbró como La Faraona. Esa reseña nunca existió realmente pero tuvo el efecto deseado: nadie quería perdérsela, igual que ocurre con Tangana.

El Madrileño ha montado un show tan armado que para el público se representa como una auténtica película. Sobre las tablas, más de 20 músicos dispuestos a arropar a un artista que sale a escena desafiante pero contento, arrancando con una revisión de Still Rapping que adelantaba que no iba a ser un concierto normal. Trap, bachata, bossanova, flamenco y muchas palmas en lo que parece más un pianobar que un escenario al uso.

Su último disco es una relectura de la tradición musical española y así lo despliega en su repertorio de directo. Le acompañan en esta irresistible sobremesa Niño de Elche, La Húngara, la familia Carmona casi al completo, el incombustible Kiko Veneno y una plana de músicos de primera categoría.

Empezó con Te Olvidaste y Cambia! unido a la voz de Adriel Favela. Chupito servido en una mesa que destilaba alcohol, brindis y un 'arriba Madrid' que desató el fervor de los presentes. Mesas, lámparas y camareros danzando en un humeante salón lleno de músicos.

C. Tangana en Madrid
C. Tangana en Madrid // EFE

Por faltar no faltó nadie, casi estaba allí hasta la madre que le parió. Con Rita Payés -que lo acompañó en los Goya- abrió la conversación maternal de Te Venero, que dio paso a Yelo, cantada íntegramente por él, explotando en versos como 'van a reventar Madrid'. Se notaba que estaba contento de estar en casa.

Aparición inesperada la de Omar Montes. El de Pan Bendito colabora en su último estreno, La Culpa, y qué mejor momento para ejecutarla que en un show que tontea con el poder cinematográfico. No descartemos que Pucho esté preparando un documental de cómo se gestó esta obra maestra con la que ahora gira por España.

La sorpresa de Nathy Peluso

Con traje marino, barba perfectamente perfilada y gafas de sol negras, el que antes era el kinki del barrio se transforma en un dandy suburbano para interpretar Bobo, su unión con Luis Segura, 'el papá de la bachata'. Luego la coreadísima Párteme la Cara y un segundo de parón antes de recibir a la inigualable Nathy Peluso. No era la catedral de Toledo pero hubo baile libidinoso al son de Ateo. Hubiésemos comulgado todos si la pareja lo hubiera pedido.

Después del subidón bachatero, tocaba reflexionar. "Este es el concierto más importante de mi puta vida", decía antes de disculparse por no haber cerrado 8.000 fechas. Mejor. Lo bueno, si breve, dos veces bueno.

Nominao dio paso a la oscuridad y el techno campanero de Demasiadas Mujeres. No es Semana Santa pero la marcha retumbó y puso a saltar al más tímido.

Sobremesa de licores y palmas

Giro argumental en la trama para hacer realidad el Tiny Desk que grabó para la National Public Radio. Alrededor de una mesa, los Carmona, El Bola, La Húngara, Yeray Cortés, Víctor Martínez, Niño de Elche y Huberto Morales dejándose llevar por un palmeo evocador interpretando el tan laureado Me Maten.

Sin moverse del sitio, un repaso de "temitas nuevos" que empezó con el No Estamos Locos de Ketama y terminó con el Volando Voy de Camarón. Entre medias, Noches de Bohemia, Corazón Partío, el propio Ingobernable y una deliciosa mini versión de Aunque tú no lo sepas que emocionó al propio Tangana, sonriente y satisfecho.

"Pon algo de alegría a esto", invocaba segundos antes de que arrancasen los primeros acordes de Los Tontos. Una transición casi perfecta para el momentazo de Kiko Veneno y la tan jaleada frase tú te has creído / que por ser yo bueno / puedes ir pisando por donde friego. Todos allí disfrutaban, reían, se tocaban. "¿Has llorado, Marina?", le preguntaba Pucho a la hija de Carmona nada más terminar. La emoción, a flor de piel. Como para no llorar.

Otra vez cambio de registro y de un salto, Pucho sobre la mesa para reventar los graves con Tranquilísimo. Luego más repaso de "lo de antes" con Llorando en la Limo y Comerte Entera.

Vuelta al club restaurante y la película de mafiosos para Muriendo de Envidia junto a El Niño de Elche, mago de la guitarra española, y Nunca Estoy. Cambiando Paris por Madrid, Pucho se acercó a su público para versionar a La Unión y la luna llena de su Hombre Lobo. Viaje express hasta Hong Kong y comenzaba a intuirse el desenlace, pero faltaba la traca final.

Sorpresa con Antes de Morirme, tema que no suele incluir en su repertorio de directo. "¿Es la voz de Rosalía?", se preguntaban algunos al escuchar los coros. No. Era Marina Carmona, pero no deja de ser llamativa esta resurrección de su colaboración con la única artista española que, a día de hoy, puede igualar -quizá superar- la calidad de su espectáculo.

El colofón final empezó con La Húngara pasándoselo bomba con Tú Me Dejaste de Querer. Ojalá ese 'tiritiriti' hubiese sido eterno, el público estaba pletórico y prendado. Para quedarse a vivir.

Otra vez subido a la mesa, Tangana daba paso a una canción que "igual no es de tus favoritas" pero qué más da. Subida exponencial de temperatura cuando empezó ese Suavemente de Elvis Crespo que le dio la vuelta al WiZink para transformarlo en un antro lleno de gente que no quería volver a casa. Cerró Un Veneno, el bolero con el Pucho que empezó a deshacerse de esa imagen de chuleta que dio paso al verdadero artista.

Ingeniero de su destino, El Madrileño ha hecho una auténtica jugada maestra que, reiteramos, desconocemos cómo va a superar.

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