TIENE MUCHO SIGNIFICADO

¿Eres más de ventanilla o de pasillo? La ciencia detrás de nuestra preferencia

En este mundo hay dos clases de personas: los que cuando hablamos de transporte prefieren sentarse en la ventanilla y los que por el contrario prefieren el asiento del pasillo. Por que el del medio, señores, es un agujero negro capaz de hacernos sentir incómodos durante todo el viajes.

Asientos de un avión
Asientos de un avión // Pixabay

Europa FM

Madrid 23/10/2017 00:00

Nuestra preferencia a la hora de escoger asiento puede determinar algún rasgo de nuestra personalidad. La doctora Becky Spelman, psicóloga jefe de la la Clínica Privada de Harley de Street Londres, ha revelado a The Telegraph las claves sobre estos dos tipos de personas.

Una elección tan trascendental como escoger entre ventanilla o pasillo se reduce a una cosa bastante básica: si son personas que prefieren despertarse o ser despertardos y/o molestar o ser molestados. A partir de aquí, podemos analizar los dos tipos de caracteres.

Los pasajeros que eligen el asiento del pasillo no pueden soportar molestar a otra persona cuando necesiten escapar de los confines de su asiento, mientras que los que prefieren ventanilla no tienen ningún tipo de pudor en pedir espacio para salir.

Así, deducimos que los que eligen pasillo son personas amables, consideradas y, sobre todo, menos egoístas. En cambio, los que prefieren ventanilla, quieren tener el control y son fácilmente irritables, de ahí que se nieguen en rotundo a sentarse en el pasillo no vaya a ser que alguien moleste.

Aun así, tanto "ventanilla" como "pasillo" son dos asientos con ventajas y desventajas. En primer lugar, los pasajeros que se sienten en la ventana, tendrán vistas inmejorables pero no dejan de estar arrinconados en una esquina, lo que obliga a molestar al de al lado sí o sí. En segundo lugar, los que prefieren pasillo tienen más espacio para estirar las piernas, pero la tripulación suele pasar varias veces con un carrito ofrenciendo comida y bebida. También corren el riesgo de que cuando consigan quedarse dormidos, al amigo de la ventana le entren ganas de ir al baño.